(1-Corintios 13:4-7)
Y vamos a revisar punto a punto en que coincide o no esta descripción, con las actitudes de Yahvé:
1. El amor no es celoso. Pero Yahvé es súper celoso y se jacta de serlo.
2. El amor no es ostentoso. Pero Yahvé es súper ostentoso. Todo lo suyo tenía que estar hecho de oro, el altar, los utensilios para el culto, el arca, los adornos del templo, etc. Hasta mandaba robar para obtener cosas de oro.
3. El amor no es arrogante. Pero Yahvé es súper arrogante, se la pasa pregonando que es inteligente, que no hay nadie como él, que como él hizo el mundo él así mismo cuando quiera lo puede destruir. Exige que griten a los cuatro vientos lo maravilloso que es.
4. El amor no es indecoroso
5. El amor no busca lo suyo propio. Pero en cambio, Yahvé solo está preocupado de lo suyo propio. Por salvaguardar su reputación Pero en cambio, Yahvé solo está preocupado de lo suyo propio. Por salvaguardar su reputación es que no aniquila de una vez por todas a los israelitas, porque ¿qué dirían los otros dioses? Y Yahvé no quiere arruinar su reputación, su “santo nombre”. Vive preocupado de que lo sirvan, se queja si le sacrifican un toro raquítico, cuando bien se sabe que a él le tienen que ofrecer lo mejor. Dice que quien se presente donde él, no vaya con las manos vacías.
6. El amor no se irrita, ni lleva cuentas del mal. Yahvé pasa el 90% del tiempo irritado y lleva la cuenta del mal que le hacen los otros a su pueblo, y se venga 500 años después (el caso de los amalecitas).
7. El amor no se goza de la injusticia. Yahvé se goza de la injusticia, hace que injustamente paguen los hijos por los pecados de los padres. Como cuando este maldito, mató a la criatura que había tenido David con Betsabé, castigando en el niño recién nacido, el pecado de su padre David al cometer adulterio y matar al esposo de su amante.
8. El amor se regocija con la verdad. Yahvé se regocija con las mentiras. Como cuando dice que estima a los extranjeros pero a la vez pretende que los israelitas los esclavicen. O como cuando mintió descaradamente al decirle al profeta Jeremías que nunca él había pedido a los israelitas sacrificios.
9. El amor todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. Yahvé ni sufre, ni espera, ni soporta nada. Apuesto todo lo que tengo, que a Freud (ateo), le hubiera fascinado poder recostar en su sillón a Yahvé y dedicarle toda una
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