Pero ese Dios, obsesionado con su absolutismo como ningún otro en la historia de las religiones, y de una crueldad asimismo inigualada, es el mismo Dios de la historia del cristianismo. Todavía hoy pretende que la humanidad crea en él, que le rece, que entregue su vida por él. Es un Dios tan singularmente sanguinario que “absorbió lo demoníaco”. Es un Dios que hierve de celos y afán de venganza, que no admite ninguna tolerancia, que prohíbe del modo más estricto las demás creencias e incluso el trato con los “infieles”.
Karlheinz Deschner. Historia Criminal del Cristianismo
Jehová no es justo: demuestra una parcialidad irritante hacia Israel, una dureza horrible contra los demás pueblos. Ama a Israel y aborrece al resto del mundo. Mata, miente, engaña y roba para beneficiar a Israel. ¿Y por qué había de ser aquel dios particular el creador del cielo y la tierra? No existía, además, ni un sentimiento moral en Jehová tal como David lo conocía y adoraba. Aquel dios caprichoso era el favoritismo en persona. La fidelidad era completamente material, usaba su derecho hasta lo absoluto. Se enfurecía con la gente sin motivo evidente, pero se le hacía aspirar el humo de un sacrificio y se calmaba al instante.
Ernest Renán. Historia del Pueblo de Israel
No hay comentarios.:
Publicar un comentario